Estas tierras dispersas en el fin del mundo, bautizadas como los
cincuenta rugientes, han fascinado siempre a los exploradores.
En el siglo XVI, tras las huellas de Magallanes, una carabela
española desembarco en una isla calcárea aislada
; fue bautizada con el nombre del navío, "Madre de
Dios".
Durante
más de cuatro siglos, estas islas hostiles del archipiélago
Última Esperanza han alejado siempre a los marinos. Solo
los indios Alacalufes, ese pueblo nómada del mar casi olvidado
por los hombres, han estado en estas costas salvajes desde hace
milenios.
Pero
en tierra no había nada más, ¡solo la roca
en bruto y el viento¡.
